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la Portada

Puntos:★★★★★
Categoría:Realismo Mágico
Género: Libros



el Gato Rayado y la Golondrina Sinhá :

Los contadores de estrellas


Puntos:★★★★★
Categoría:Libros
Género: Realismo Mágico
Autora:Isabel Caballero
Nacida en Gran Canaria.
Su vida tanscurre entre El Sahara y Las Canarias.
Estudios de Bellas Artes.
Actualmente funcionaria del Ministerio de Fomento.
Primera obra editada "Los Contadores de Estrellas".

  LOS
CONTADORES
     de ESTRELLAS


por Isabel Caballero @ Temible Capitana:



 Desde hace un tiempo nuestra hija no para de hablar de Zakir, su profesor de música. Verla tan entusiasmada es una novedad, porque Andrea es una niña silenciosa con una mirada seria de ojos claros que nunca se posan en los nuestros, dos lagos vacíos, sin embargo, de un solo vistazo puede contar todos los libros de una estantería, las rayas de la camisa de su padre, o las hojas de los geranios del patio.

 Lo cuenta todo.

 De camino al colegio cuenta los semáforos, los pasos de cebras, los carteles de señalización, los coches con los que nos cruzamos. Ordena los colores por gamas: un coche celeste y otro azul marino, en el grupo de los azules; en el grupo de los negros los matices de grises; las diversas tonalidades cromáticas integrada en el color primario al que pertenece, y el blanco siempre solo.

 Apuntaba en la “libreta de Andrea” todo lo que contaba mi hija, luego, por recomendación de su orientadora y del neurólogo, me limité a tomar nota sólo del tanteo de coches, sus colores, pautas y variables. Para nuestra sorpresa, los médicos hicieron un esquema con mis apuntes, un plano de colores y tempos. Se observó que el cómputo guardaba un orden de frecuencias que, desarrollado a lo largo de varios meses, resultaba que Andrea hacía operaciones matemáticas secuenciales absolutamente exactas, algo de lo que no nos habíamos percatado hasta que lo vimos desarrollado en los gráficos.

 Nuestra hija tiene el síndrome de Asperger.

 A Andrea le cuesta sonreír. Algunas veces, pocas, hace el gesto torciendo una parte del labio hacia arriba, una mueca asimétrica que a nosotros nos hace muy feliz porque sabemos que intenta algo parecido a una sonrisa. Es alumna sobresaliente en matemáticas, lleva con dificultad la lengua, campeona de ajedrez, y ahora cuenta estrellas y tiene una banda de música.

 Zakir entiende muy bien a estos niños ensimismados, extrañas aves del paraíso, los llama él. Tres tardes por semana tocan los bongós, las tablas, panderetas y tambores. Seis niños y dos niñas. Zakir dice que es muy fácil trabajar con ellos:


— ¡Eh Andrea!, tú tienes que dar diez golpes siempre a éste ritmo, tú también Marta — marca el ritmo Zakir — y tú Pablito, cinco, cuentas otros cinco y te paras, y otra vez otros cinco golpes con las palmas — Daniel y Claudio tienen que hacer este sonido bajito todo el rato con la punta de los dedos, así — les enseña como, y entre todos hacen música. Aún no ha conseguido que alguno de ellos improvise, pero no pierde la esperanza.

 Siempre que puede se lleva a su banda a una loma a las afueras de la ciudad, y allá en lo alto, las noches despejadas, que son muchas por estas latitudes, los niños tocan sus instrumentos y cuentan estrellas durante un largo rato. Cuando se cansan les dice Zakir vamos a casa y no contemos nada, porque si no se nos irán las fuerzas para tocar la música y contar los millones de estrellas que aún nos faltan.

 La otra noche le preguntamos a Andrea que cuantas estrellas contó, y nos dijo que ninguna, que esta vez sólo las miraron.


 Así que ahora mi libreta tiene unos pocos números menos, y Zakir, que es friolero, unas cuantas prendas más de abrigo de todos los colores: chalecos, rebecas, jerseys y bufandas, que las madres y abuelas de sus alumnos tejemos de mil amores, porque Zakir emigró desde un lugar muy cálido de la India y no se acostumbra a las húmedas noches isleñas plagadas de estrellas.


elMiLUsos descalzo,opina:
me muero de ganas por leer tu libro, Capitana! Me duda una duda: la inserta de música, siempre tan parte de tu obra.
Tú nos acostumbraste,
a todas ésas cosas,
al YouTube que insertaste,
pa navegar tus prosas ...

Descubrí que la Web@ tiene secretos ... por MUY poco tiempo! y tan chismos@ como Yo; uno de tus 44 relatos (con todo y tu música) dejando los 43 restantes a la imaginación y acceso de tu libro. FELiCiDADES, un beso pa tí y un abrazo pa'l Pedro, de un Corsario abandonado.

fuente: Editorial CíRCULO ROjO 
"Desde hace un tiempo nuestra hija no para de hablar de Zakir, su profesor de música..."
Así comienza LOS CONTADORES DE ESTRELLAS, que comprenden cuarenta y cuatro relatos donde nuestra narradora, iteligente, atrevida, fértil, disonante e irónica se entrega al arduo ejercicio de hablarnos del teatro de la vida. Del universo de las palabras. De su horizonte ...
... Isabel Caballero, escritora, tiene un modo de contar distinto e ilumina lo involuntario y en ese lugar entrañable, íntimo, una mujer descalza se mezcla con un Dios plástico que abre un baúl de una muchacha muy musical cuyo nombre, vaya usted a saber por qué, es el de Gloria... un león barroco habla, un muerto recto anda... entonces, repito, el lector expuesto, terminará desarmado y entregado, pues todas las palabras que nacieron al leerla terminarán en su maltrecha espina dorsal.
CLAUDIO CHUST GIMÉNEZ


¡¡Gracias mi Capitana!!

Mulata de Tal

Puntos:★★★★★
Categoría:Libros
Género: Literatura & Realismo Fantástico
Autor:Miguel Ángel Asturias
Miguel Ángel Asturias Rosales.
(Ciudad de Guatemala, 19 de octubre de 1899 – Madrid, 9 de junio de 1974).
Escritor y diplomático guatemalteco.

Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1967.
Dos años antes, había obtenido el Premio Lenin de la Paz.
Si por algo me seduce la Mulata de Tal, es por su lenguaje; no menos me seduce que sea novela picaresca, contada como cuento del camino, como las historias que se oyen en boca de peones deslenguados a luz de la lumbre en las haciendas, o en tardes de ocio por barberías de pueblos centroamericanos, en boca de léperos irreverentes.

Celestino Yumí, un pobre desventurado, no será sino víctima de las burlas perversas del diablo Tazol, diablo de pura envoltura sin sustancia —el tazol, o la tuza que envuelve la mazorca del maíz sirve, antes que nada, para encender los fogones; y una llamarada de tazol es siempre efímera, y risible—. Tazol obliga a Celestino a entrar con la bragueta abierta a la iglesia en media misa, lo obliga luego a entregarle en cuerpo y alma a su mujer Catalina Zabala, pobre víctima de las calumnias del diablo lenguaraz que la afama de adúltera, para luego devolvérsela convertida en pastorcita de barro de los que adornan los Nacimientos, metida dentro de la caja secreta de donde él va sacando las riquezas prometidas, y no resucitará sino en forma de enana de circo, cuando se resuelve al fin a sacarla también de la caja.

Tazol, juguetón con las almas, le había entregado por nueva mujer a la mulata de tal, que nunca llegará a tener nombre propio, tetona culona y desgreñada, un portento de carnes que no es sino el diablo mismo, un endriago que a la hora de la cópula no le da a Celestino sino la espalda y lo obliga al pecado contra natura, la peor mancilla de todos los sueños de sus glorias carnales de pobre desgraciado; y por fin lo pierde Tazol en las riquezas sin fin para después quitárselas, y convertirlo, a su vez, en enano, a petición vengativa de su esposa Catalina, hasta que los volverá brujos a los dos, servidores suyos, en Tierrapaulita, que es tierra de aquelarres, el pueblo de las más pícaras brujerías al que se llega por un camino desaforado, camino de léperos, al fin y al cabo.

El lector correrá al parejo con el novelista por un territorio encantado e inventado; en carrera desbocada irá viendo que ocurre de todo, como debe ocurrir siempre en las novelas, viendo lo que ocurre estallar en alboradas de pólvora, que es divertido y es risible; la mejor moraleja de las novelas desde los tiempos de Cervantes y de Henry Fielding, el mejor embrujo y la mejor magia de la Mulata de Tal; una novela de demonios burladores, brujos concupiscentes, compadres envidiosos, mulatas encandiladas, curas malandrines y sacristanes redomados, urdida en palabras que chisporrotean sollamando a los cielos tal si el mundo fuera a acabarse en encantamientos.


Pintura: Mulata de Tal I, óleo sobre tela por Leonel Maciel
¡hola, amigo!